Buenos Aires, 22 junio (NA) — La Selección argentina enfrentará este lunes a Austria por la segunda fecha del Grupo J del Mundial 2026, en un partido clave ante un rival que combina presión alta, juego vertical, experiencia europea y una estructura táctica trabajada bajo la conducción de Ralf Rangnick. El equipo austríaco llega con confianza después de vencer 3-1 a Jordania en su debut y se medirá con la Argentina de Lionel Scaloni en Dallas, en un cruce entre los dos líderes de la zona. Austria no aparece como una potencia tradicional del Mundial, pero sí como un rival incómodo: tiene automatismos, intensidad, piernas para presionar y una idea muy clara para atacar rápido cuando recupera la pelota. El principal sello del equipo es el de su entrenador. Rangnick, uno de los técnicos más asociados al concepto de presión alta y recuperación inmediata, construyó una selección agresiva, compacta y con mucha energía para jugar lejos de su propio arco. Scaloni ya marcó una advertencia sobre ese punto: Austria es un equipo de “muy buenos jugadores, presión alta y juego vertical”, una descripción que resume el tipo de partido que puede plantear el conjunto europeo. La primera fortaleza está en la mitad de la cancha, donde aparecen futbolistas con recorrido de elite como Marcel Sabitzer, Konrad Laimer, Xaver Schlager y Nicolas Seiwald. Sabitzer es uno de los nombres más importantes: tiene llegada al área, remate de media distancia, manejo de pelota parada y experiencia en partidos de máxima exigencia. Laimer, por su parte, aporta despliegue, presión, recuperación y capacidad para saltar sobre los mediocampistas rivales, una virtud clave para intentar incomodar la salida argentina. En ofensiva, Austria cuenta con variantes de peso. Marko Arnautovic, el futbolista con más presencias en la historia de su selección, sigue siendo una referencia por jerarquía, potencia física y oficio dentro del área. El delantero de 37 años fue importante en el debut ante Jordania y convirtió de penal en tiempo de descuento para cerrar el triunfo austríaco. Otro jugador a seguir es Romano Schmid, autor del primer gol de Austria en el Mundial con un gran remate desde afuera del área. Su movilidad entre líneas y su capacidad para aparecer cerca de los delanteros pueden ser un problema si Argentina no logra cortar rápido las transiciones. También aparece Christoph Baumgartner, un mediapunta dinámico, agresivo para atacar espacios y con buen timing para llegar al área. Es uno de los futbolistas que mejor interpreta el vértigo que pretende Rangnick. En la defensa, Austria tiene nombres fuertes como David Alaba y Kevin Danso, además de Stefan Posch, quien estará disponible pese a una lesión facial y podría jugar con una máscara protectora si el cuerpo técnico decide utilizarlo. Alaba es mucho más que un defensor: puede ordenar desde el fondo, romper líneas con pases largos y aportar liderazgo en una selección que vuelve a un Mundial después de 28 años de ausencia. Danso, en tanto, ofrece físico, juego aéreo y presencia en los duelos individuales, un aspecto importante frente a un ataque argentino que viene de mostrar una gran eficacia en el debut ante Argelia. El segundo punto fuerte de Austria es la pelota parada. Con varios futbolistas altos, buenos ejecutantes y especialistas en duelos aéreos, puede lastimar en córners, tiros libres laterales y segundas jugadas. El tercer aspecto a tener en cuenta es la mentalidad competitiva. Rangnick avisó que Austria deberá jugar probablemente su mejor partido desde que él asumió para poder competir ante Argentina, pero también remarcó que su equipo tiene una identidad propia, coraje y capacidad para sorprender. De todos modos, el estreno ante Jordania también dejó señales de alerta. Austria ganó, pero sufrió varios tramos del partido, recibió el empate al inicio del segundo tiempo y recién pudo destrabar el resultado con un gol en contra y un penal en el cierre. Ese dato marca que el equipo europeo puede ser vulnerable si Argentina logra superar la primera presión y atacar los espacios que deja a espaldas de sus mediocampistas. Para la Selección, el desafío pasará por no quedar atrapada en el ritmo de Austria, mover la pelota con paciencia, encontrar a Lionel Messi entre líneas y aprovechar los momentos en los que el rival quede partido por su propia intensidad. Argentina llega con el impulso del 3-0 ante Argelia y el hat-trick de Messi, pero enfrente tendrá un rival más físico, más trabajado y con más herramientas colectivas para incomodar. Austria no es un cuco, pero tampoco un trámite. Es un equipo que presiona, corre, muerde y ataca directo. Una prueba seria para medir hasta dónde puede sostener Argentina su dominio ante un rival que buscará convertir el partido en una batalla de ritmo y concentración. Agencia NA.
Fuente: Agencia Noticias Argentinas

