Buenos Aires, 11 de Agosto (NA) — Es evidente que se viene un giro estratégico para el mercado agroalimentario más exigente en Europa. La producción de alimentos ecológicos en la Unión Europea (UE) ha alcanzado una encrucijada histórica y el debate parlamentario está fuertemente instalado. En un contexto global marcado por la inestabilidad geopolítica, con la inflación impactando en los costos de producción y ante la necesidad de acelerar la transición climática, las instituciones comunitarias han decidido mover las fichas de manera contundente. La Comisión de Agricultura y Desarrollo Rural del Parlamento Europeo avanza en la actualización de las normas relativas a la producción, el etiquetado, la certificación y el comercio de productos ecológicos. No solo se busca armonizar los criterios de calidad de los 27 Estados miembros, sino también proteger el tejido productivo regional frente a la competencia externa desleal y blindar la confianza del consumidor hacia la que es, actualmente, la etiqueta alimentaria más reconocida de todo el continente. Había un vacío legal: una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (del 4 de octubre de 2024) había estipulado que aquellos productos importados y reconocidos únicamente bajo antiguos acuerdos de equivalencia comercial no podían seguir haciendo uso discrecional del cotizado logotipo ecológico de la UE. Para evitar una distorsión del mercado, ahora dictaminaron una nueva normativa obligatoria que señala que cualquier importador de un tercer país que aspire a lucir la «eurohoja verde” en sus envoltorios deberá certificar que cumple con estándares idénticos a los exigidos internamente. Desde ahora, los operadores extranjeros deberán someterse a requisitos adicionales específicos de producción y control, garantizando igualdad de condiciones en las góndolas de los supermercados, dando firmemente, un oxígeno financiero para el pequeño productor. Uno de los puntos más aplaudidos en la sesión parlamentaria fue la readecuación de los límites fiscales y de volumen para los pequeños agricultores tradicionales; hasta la fecha, las granjas y tiendas locales de escala familiar que comercializaban productos ecológicos sin envasar disfrutaban de una exención en las costosas certificaciones orgánicas, siempre y cuando se mantuvieran bajo umbrales estrictos. Sin embargo, la inflación acumulada en los últimos dos años en el Viejo Continente generó un efecto perverso: muchos productores pequeños superaban el umbral de facturación debido al simple aumento nominal de los precios, perdiendo así el derecho a la exención sin haber incrementado el tamaño real de sus operaciones. Día Mundial de la Alimentación: la seguridad alimentaria es un desafío colectivo Para corregir esto y evitar que la burocracia devore a la agricultura de proximidad, los eurodiputados elevaron de manera sustancial los topes de amparo, dando alivio fiscal y viabilidad económica inmediata a miles de pequeños operadores locales que sostienen el empleo en el entorno rural. También hubo novedades en las condiciones de alojamiento del ganado. Se rediseñaron las directrices que regulan las estructuras de los gallineros y los accesos diarios al aire libre para los animales, logrando un equilibrio entre la exigencia de un alto estándar de bienestar y la reducción de los costos logísticos y de infraestructura para los criadores comunitarios. Ahora Europa tiene por delante un desafío: el marco regulatorio actual de importaciones expira el último día de 2026, y los parlamentarios están obligados a alcanzar un consenso político definitivo antes del inicio de 2027. Se espera que el texto definitivo, con los cambios que venimos señalando, se someta a votación plenaria en Estrasburgo de manera prioritaria. Lo que está en juego es cómo será la alimentación del continente en las próximas décadas. El consumidor del futuro ya no será únicamente ser un sujeto pasivo; se le invitará a ser un agente de cambio consciente. Cada vez que elija un producto con el sello de la «eurohoja» sabrá con total certeza que detrás de ese producto no existen dobles raseros, ventajas fiscales transfronterizas ni letra chica medioambiental; la sostenibilidad real no se negociará más por precio. “Comer ecológico” ya no es una opción de estilo de vida exclusiva; es el único camino viable para garantizar la soberanía alimentaria de las generaciones venideras. Agencia NA
Fuente: Agencia Noticias Argentinas

