Las elecciones del último domingo en Chaco dejan mucho para analizar, pero hay un punto que vale la pena desmenuzar detenidamente: la conformación de las listas. En referencia al oficialismo ya es conocida la forma de ejercer poder que tiene el gobernador del Chaco, Jorge Milton Capitanich, cada vez más proclive a un estilo personalista en el que todo aquel que lo rodea se convierte en un actor de reparto. Confía en su caudal de votos y apuesta todo a poner su figura como único valor para evaluar por el electorado.
Pero muy a su pesar el electorado no pone en la balanza el nombre del Gobernador, sino el de quienes conforman la lista, y acá se genera el primer problema, son grandes desconocidos. Hace tiempo Capitanich decidió prescindir de los hombres que conforman la política tradicional, de la calle, la de conocer a los vecinos, la de caminar años y años hasta lograr un reconocimiento popular que le permita aspirar a una candidatura.
Y los pocos que son conocidos su aptitud más destacable es la capacidad de mantenerse leales a Capitanich, si tienen otras se encargaron de ocultarla muy bien en los últimos años. No hay figuras de renombre.
Muy por el contrario, se rodeó de jóvenes con una indiscutida formación académica, pero a la vez con muy poca calle. Posiblemente sean muy eficientes a la hora de administrar los recursos del Estado, pero esa habilidad es inversamente proporcional a la capacidad de cosechar votos de manera genuina. Y la habitualmente buena lectura que hace Capitanich sobre el comportamiento de la gente, le falló por segunda vez, tropezó dos veces con la misma piedra.
El primer antecedente está cercano, en las elecciones a Intendente de Resistencia del 2019 Capitanich apostó a Diego Arévalo,cuyo capital más importante era el apoyo quien entonces dejaba la intendencia capitalina. Pensó que el sólo hecho de apoyarlo era suficiente para catapultarlo como su sucesor, pero el votante se encargó de dejarle un mensaje claro: una cosa sos vos, y otra muy distinta quienes te secundan. Y los resultados están a la vista, quien ganó esa elección fue Gustavo Martínez, aún sin la bendición de la figura política más importante que tiene el PJ en la actualidad.
Si en esa oportunidad no tomó nota, lo que ocurrió este domingo debe servir como una nueva advertencia, en una provincia como la nuestra prescindir de los cuadros políticos tradicionales no es buena idea.
Por supuesto, puertas afuera se puede culpar al contexto nacional, que claramente también influye, pero descartar el componente local de estas PASO sería un error muy grave.
Los radicales, a medias
El error de considerar que la renovación se produce a través de las candidaturas de personajes desconocidos para la sociedad, y con poca o nula raigambre partidaria, también le tocó al radicalismo chaqueño. La línea interna que lideran Nikisch, Ayala y Cipolini entre otros puso como cabeza de lista en Diputados Provinciales al excomisario Fernando Romero, un hombre que los radicales de cuna se despacharon que pertenecía a las mismas huestes una vez que vieron su nombre y cara en la boleta. Es más, sin el sombrero de policía posiblemente nadie lo conozca. Y la lista a la postre ganadora optó por figuras tradicionales, reconocidas y de un largo recorrido partidario.
Los partidos más grandes de nuestra provincia deberán aprender que renovar figuras no es imponer personajes desconocidos, mientras sigan apostando a esta fórmula claramente equivocada, la gente les seguirá dando la espalda.

