La comunicación es una conversación. El periodismo comunica y el cuidadano se informa.
Para que exista una verdadera conversación el medio debe analizar el impacto de su información en la comunidad y retroalimentarse. Escuchar.
Lo que parece tan sencillo es lo más difícil y necesario.
Apostemos por un periodismo que escuche. Que no solo se preocupe por comunicar y competir. Por repetir gacetillas. Por tener la primicia. Por informar primero la estadística.
Apostemos por un periodismo que escuche. Que estudie el impacto de lo que comunique y recoja las voces de los implicados.
Apostemos por un periodismo que escuche. Que aprenda de las necesidades y particularidades de sus distintos públicos. Que se impregne de sus lenguajes y sus identidades. Que las visualice con el mejor equilibrio.
Apostemos a un periodismo que converse con sus comunidades, que hable y escuche permanentemente.
Un periodismo que pregunte y repregunte a los que deben contestar y escuche a los que se sienten sin voz.
Un periodismo que muestre a la sociedad todas las interacciones culturales, políticas y sociales. Que haga públicos a los públicos.
Cada periodista con su pertenencia editorial, política y social, pero con los oídos abiertos.
Esa debe ser nuestra lucha permanente.
Ser el medio para que la comunidad converse.

