Por Rocío Kalenok Buenos Aires, 18 agosto (NA) — El cierre de Will Der, una empresa dedicada a la fabricación de indumentaria deportiva, y el despido de 120 trabajadores volvieron a poner el foco en la fragilidad de la situación que atraviesa la industria textil. La firma cerró sus plantas de General Pacheco y Las Flores y uno de sus socios se quebró al comunicar la decisión a los empleados. El caso se inscribe en un contexto mucho más amplio: los principales números muestran que el sector atraviesa una caída más profunda que la del total de la industria. Los datos más recientes muestran que, en mayo, la actividad manufacturera retrocedió 5,6% interanual, mientras que la producción textil se hundió 26,2%. En comparación con mayo de 2023, la industria acumuló una baja de 14,8%, pero la caída textil llegó al 37,5%, según el último informe de coyuntura de la Fundación ProTejer. Para ese mismo período, la utilización de la capacidad instalada del sector textil fue de 42,2%, el nivel más bajo de toda la industria manufacturera. Casi seis de cada diez máquinas permanecieron paradas. En este escenario, la directora ejecutiva de Fundación ProTejer, Priscila Makari, habló en exclusiva con Noticias Argentinas y puso el foco en las condiciones bajo las cuales las empresas argentinas deben competir frente a los productos importados. “El Gobierno bajó impuestos para la importación de ropa extra Mercosur, pero no bajó impuestos para los que producen en Argentina”, sostuvo. Y resumió el reclamo del sector: “Queremos competir, pero en igualdad de condiciones”. Según ProTejer, las importaciones ya explican cerca del 70% del mercado interno, frente a una participación histórica cercana al 50%. Durante el primer semestre de 2026, las cantidades importadas de indumentaria aumentaron 66% interanual y las de confecciones crecieron 38%. En cambio, cayeron las compras externas de fibras, hilados y tejidos. Ese cambio es uno de los principales cuestionamientos del sector. Al comparar la política argentina con las medidas adoptadas por Estados Unidos y Europa para reforzar aranceles y regulaciones sobre las importaciones, Makari fue contundente: “Argentina va a contramano del mundo”. “No existe hoy ningún país desarrollado que compita abriendo y desregulando el comercio. Todos combinan inteligencia comercial con políticas industriales activas”, cuestionó. La caída, explican, no se da solamente por la competencia externa. El mercado interno también perdió capacidad de compra. Los salarios registrados privados cayeron 3% interanual en mayo y 5% respecto de 2023. En el sector público, la baja fue del 4% interanual y del 22% frente a 2023. Como resultado, describen un consumidor que tiene menos margen para destinar ingresos a indumentaria y otros bienes. Alimentos, alquileres, transporte, energía y otros gastos esenciales ocupan una porción cada vez mayor del presupuesto. La caída del consumo es otro de los factores que aparecen detrás del retroceso. El diagnóstico de la representante sobre el mercado interno es simple: “Hoy no se vende ni nacional ni importado”. Mientras el Gobierno reclama mayor competitividad, los fabricantes ponen el foco en los costos que se acumulan después de la fabricación: sostienen que alrededor del 50% del precio final de una prenda de marca corresponde a impuestos y el costo de fabricación representa aproximadamente el 8%. A esto se suman los costos logísticos, financieros, comerciales y de alquiler. La estructura de costos es uno de los puntos que la entidad utiliza para cuestionar que el precio de la ropa pueda atribuirse a la ineficiencia de la producción local. Para graficar este problema, Makari planteó: “Sale más caro traer un camión de Catamarca a Buenos Aires que un contenedor de China a Buenos Aires”. Y agregó: “Culpar a la industria nacional por los precios de la ropa es cuanto menos injusto”. La baja en la actividad también atraviesa otro frente: el del empleo registrado. La fundación releva que entre diciembre de 2023 y abril de 2026, la cadena textil, indumentaria y calzado perdió 25.682 puestos de trabajo registrados, un 21,3%. La cifra representa más del 30% de los 81.425 empleos que perdió el conjunto de la industria manufacturera durante ese período. Además se perdieron 942 establecimientos relacionados entre diciembre de 2023 y abril de 2026. Para ProTejer, la discusión excede el precio de una prenda o la situación de una empresa en lo particular. En la entrevista con este medio, Makari planteó: “La discusión de fondo debería ser otra: qué país queremos y cuál es el modelo de desarrollo que aspiramos a construir”. En este contexto, la advertencia que dan aparece por el temor a que la caída deje de ser coyuntural y termine modificando de manera permanente la estructura productiva del país: “Si el rumbo actual se mantiene, el escenario para el sector textil argentino se tornaría aún más complejo” anticipa. “Un país de más de 45 millones de habitantes, como Argentina, no puede garantizar empleo y bienestar para toda su población sin industria manufacturera”. Consultada por el impacto de este escenario en las empresas, Makari señaló que las primeras en verse afectadas son las PyMEs, que concentran una parte muy significativa del empleo textil y que tarde o temprano “se traduce en cierres de empresas, reducción de turnos, suspensiones y pérdida de puestos de trabajo en todo el territorio”. “El debate real no es apertura versus cierre, sino cómo se construyen reglas que permitan competir sin destruir empleo, capacidades productivas ni bienestar social”, resumió. La advertencia de ProTejer apunta a lo que puede quedar después de la crisis: “El riesgo no es solo sectorial: se trata de un proceso de pérdida de capacidades productivas y empleo industrial que luego resulta muy costoso para todo el país y muy difícil de revertir” concluyó. Agencia NA
Fuente: Agencia Noticias Argentinas

